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El Indie Ha Muerto: La (no) creatividad musical del 2014

Foto: Jordi Teixidó

Ya ha pasado una semana desde la entrada del nuevo año, y por supuesto se han publicado todas las listas de lo mejor del pasado año, ese ritual tan útil para ver si hay algún disco que se nos ha escapado, o que hemos menospreciado, pero que también es un ejercicio algo vacuo, ya que cada publicación tiene su propio punto de vista de la música y de su público, y al fin y al cabo, acaba siendo un ejercicio lleno de subjetivismo.

Aunque es una buena idea leerlas todas e intentar ver algún patrón que nos permita darnos una idea de si existe cierta unanimidad en algunos discos comunes. Evidentemente, tenemos que obviar algunos medios que se rigen más por la cantidad de seguidores de un grupo y que están rendidos totalmente al marketing (alias Rolling Stone), y que son capaces de incluir como mejor disco el último de U2, claramente fallido, o el High Hopes de Bruce Springsteen, obra menor que contiene temas de relleno. Eso sí, siempre hablando de artistas con miles de seguidores.

En el mundo del indie, que sería esa etiqueta indefinida que puede recoger rock, pop, soul o electrónica, eso sí, sin grandes estridencias, podemos ver que hay discos que aparecen en todas las listas. Intentemos pues, hacer balance sobre si este 2014 ha sido un año, que en lo musical, nos dejará algún legado, algún disco vital que nos va acompañar durante los años…

En los destacados, War On Drugs, nuestro disco internacional del año, se ha sacado de la manga un excelente compendio de canciones que irremediablemente recuerda a unos The Church y otras bandas que aparecieron bajo ese paraguas de pop oscuro que capitaneaba Echo & The Bunnymen en los 80.

St. Vincent, para muchos otro disco del año, tampoco pasará a la historia por ser una entrega memorable, indiscutible en su rareza marciana, pero es tan esquizofrénico que seguramente en algún momento lo perderemos de vista.

El hecho de que un trabajo esté en el top 3 es significativo, pero a mí me parece más interesante ver los otros puestos, mirar la mitad de la tabla. Y es que es allí dónde está el barómetro de la calidad del año. Aquí ya no hay tanto consenso. Es donde aparecen discos como el excelente They Want My Soul de Spoon, el vigésimo Antics de Interpol (aunque publicado con otro nombre), Lykke Li enorme con su Never Learn, la repetición de The Seer por parte de Swans, Liars o el digno regreso de Afghan Whigs. Buenos discos pero nada que marque un antes ni un después.

De hecho, 2014 ha sido un año con pocas sorpresas o pelotazos, y escasos son los grupos que se estrenan en estos rankings: Future Islands se ha colado en los primeros puestos cuando en un buen año se hubiese quedado por la mitad, Sharon Van Etten ha hecho su presencia con su mejor disco pero sin nada nuevo en el horizonte, y FKA Twings ha tenido más repercusión por su imagen que por su disco, rebozado de temas mediocres metidos entre otros de excelente factura.

Sinceramente, un año para olvidar. De esos años en que los primeros puestos de las listas están cantados por la poca competencia de buenos trabajos que hay. Nos encontramos con nombres clásicos que sacan buenos discos (Beck o Ryan Adams) pero no hay una experimentación ni riesgo, y sinceramente, esto ya hace años que sucede, y si lo hemos olvidado, mirad las listas de 2013, donde Arcade Fire decidió hacer música de baile, y Daft Punk ganó muchos números 1 con su odisea disco añeja tirando de Chic como influencia y sin ganas de hacer nada rompedor.

Díganle crisis, cambio de mercado, consumo de usar y tirar por parte de los oyentes… El caso es que el indie se está convirtiendo en un camino placentero de composiciones repetitivas por parte de los consagrados y hypes de mecha corta para los que buscan destacar, un espacio donde gobiernan las buenas producciones y a grandes rasgos brillan por su ausencia la experimentación y las nuevas ideas.

Ya sabemos que el indie como tal murió hace ya años, pero esta esterilidad creativa con riesgo cero me aburre, creo que me voy a buscar por otros derroteros musicales. Señores, paren máquinas que me bajo aquí.