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Ha Ha Tonka, de la taberna a la ciudad

Fecha: 19 de octubre de 2012

Lugar: Wurlitzer Ballroom (Madrid)

Noche de camisas de cuadros y whisky. Los norteamericanos Ha Ha Tonka se presentaban por primera vez en la capital con su country-rock juvenil y tabernario. Música para cantar a voz en grito agarrado a una cerveza y a un amigo. En estos tiempos de quebraderos de cabeza y problemas para llegar a fin de mes, nunca está de más pegarse de vez en cuando un homenaje. Casi un centenar de personas lo hicieron el viernes pasado en una de las noches más concurridas que se recuerda en el Wurlitzer Ballroom.

La excusa era simple: cuatro músicos de Missouri poseedores de ese gracejo especial que sólo dan los kilómetros en la carretera. También de ese impulso casi adolescente que incita a comerse el mundo y hacer pasar un buen rato a los que han pagado unas cuantas monedas por entrar al local y probar. Poco importa que sea a unos metros de la Gran Vía madrileña o en una sala en Cangas, como habían hecho tan sólo unas horas antes. De hecho, alguno podría haber confundido esa noche la Wurli con una taberna del medio oeste americano. No sólo porque sonaran títulos como Jesusita, que parecen sacados de un western fronterizo, o Westward Bound, que calientan las gargantas del público a base de lalalas infecciosos. También por esa especial manera entender la música en directo, llena de júbilo y calor humano.

Con su tratado de aroma campestre, de mandolina y tacones, pero también de guitarras y rock, el cuarteto repasó buena parte de su última referencia, Death Of A Decade. Un disco con el que superan definitivamente las comparaciones con los Kings Of Leon y compañía que arrastraban desde sus primeros días. A pesar de ello la banda sigue manteniendo ese espíritu atrevido y rabioso, que tan pronto gusta a los más tradicionalistas como cala hondo entre la comunidad indie. Basta oír canciones como Made Example Of o Caney Mountain para descubrir esta otra cara. Tonadas en las que sigue permaneciendo en primer plano la voz de Brian Roberts, cantante de leonina melena que soluciona su fachada de alumno novel en esto del country-rock con una retahíla de agradecimientos que, de la insistencia, uno no puede más que creerse a pies juntillas.

Como agradecida está al final la parroquia que comparte penas y alegrías al olor de la madera y el alcohol. Sin duda estos cuatro chavales de Missuouri saben cómo hacer que nos olvidemos de las diatribas del día a día. Aunque a ratos se pongan profundos y canten eso de: “Era el final de una década / Era el catalizador para una nueva era”. Ya ves, hoy en día hasta el músico más sencillo y cándido sabe cómo hurgar en la herida.

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