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«El pequeño salvaje», de T.C. Boyle

EL PEQUEÑO SALVAJE

 El pequeño salvaje, de T.C. Boyle

Editorial Impedimenta

Novela

 

Existen escritores que son capaces de hacer magia con las palabras; consiguen que parezca sencillo lo complicado; con pocas sílabas y pocas páginas comprimen historias profundas, complejas,  liman sus aristas y te dejan con lo básico sin perder la belleza ni la crudeza de la historia. El maestro estadounidense de la novela corta, T.C. Boyle, lo consigue con El pequeño salvaje, un ejemplo clarísimo de que no siempre más significa mejor.

 

A muchos ya os sonará la historia por la genial película de François Truffaut con el mismo nombre que la novela; otro handicap en principio, contar en otro formato una historia que ya triunfó. Boyle lo supera sin problemas al contar la historia real del niño criado salvaje en Francia, concretamente en Aveyron en el Languedoc. En septiembre de 1797, tres cazadores descubren a un niño desnudo, errante, en los bosques. Empieza entonces la historia de quién será conocido como Víctor, un niño que se ha criado solo y que no conoce influencia ninguna de la sociedad y su periplo por la Francia recién salida de la Revolución.

 

Las implicaciones filosóficas son inevitables. Con varias referencias al Buen Salvaje de Rousseau, las aventuras y desventuras de Víctor son un largo camino por la cuestión de si nos formamos por el impacto social de quienes nos rodean, de si somos buenos por naturaleza o de si existe un punto a partir del cual la eduación y la reinserción no son posibles… El encanto de la novela de Boyle radica en que todas estas cuestiones surgen de forma natural; en ningún momento dedica extensos párrafos a reflexiones filosóficas sino que estás nacen en su prosa, hilvanadas al compás de las reacciones de los protagonistas.

 

A todo esto ayuda el estilo de Boyle. En poco más de 120 páginas, el autor estadounidense nos ofrece un retrato de la vida de Víctor desde prácticamente su nacimiento hasta su muerte. Las líneas del relato son escasas en palabras; Boyle no se excede en donde no es necesario, sin embargo no le supone ningún problema a la hora de contarnos la historia. Desgarrado en ocasiones, crudo en otras, o melancólico y enternecedor en la mayoría, nos guía desde las ambientaciones del campo francés al urbanismo de París con las pinceladas justas.

 

Con la misma maestría nos sitúa en la mente de Víctor o en la de sus interlocutores, llevándonos de uno a otro con solo un punto y seguido. Sin necesidad de artificios ni trampas, saltamos de los ojos del salvaje al del campesino que le acoge o la del científico que trata de comprenderle. Boyle no emite juicios, simplemente muestra la realidad del suceso y en ocasiones comprendemos a Víctor, en otras lo odiamos, para volver a entenderle o, a continuación querer dejarlo de lado.

 

La verdad es que me ha gustado mucho El pequeño salvaje,  incluso la portada, aunque sé que no se debe juzgar un libro por ella. Se lee en una tarde pero se disfruta durante muchos más días.

 

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8,5/10

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