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Virtue – The Voidz

Después de un inicio exitoso con Tyranny, primer disco de The Voidz, este Virtue es el disco que confirma que la banda de Julian Casablancas no es un capricho de un día y que tiene mucho recorrido.

Podemos decir que el neoyorkino ha salido victorioso de un reto complicado. Han conseguido facturar un gran disco en el que explora con maestría muchos géneros. Desde un pop rock con sabor a su otra banda a un rock potente y una electrónica-pop de calidad. Lo que permanece inmutable es su voz, que brilla en todos los registros, demostrando que sigue siendo uno de los grandes y que le queda mucho por ofrecer. En este disco cuesta encontrar un corte pobre, en todos encontramos momentos de lucidez, calidad, su habitual carisma y toneladas de excentricidades.

Leave It in my dreams es una canción convencional pero perfectamente estructurada. Pegadiza y con un solo con una ligera disonancia muy atractiva. Empezamos bien. Con Qyurryus empieza el festival de sonidos freaks, con un toque árabe y un auto tune que le sienta genial a la voz de Julián CasablancasPyramid of bones es más oscura, un poco garage al estilo de la vieja escuela. No es de los mejores cortes del disco pero aún así es notable y tiene un riff penetrante que te va a perseguir un día entero. Permanent High School saca esa vena menos agitada, más reposada e introspectiva. Pero llega al final en un clímax muy agradable. Otra buena canción en este disco, que mantiene un nivel elevado incluso en sus cortes menos relevantes. Llegados a este punto, vemos que los que querían enterrar al músico estadounidense van a tener que guardar la pala por lo menos un año más. En apenas un tercio del disco The Voidz ya han mostrado grandes recursos y una capacidad infinita para adaptarse a cualquier género dándole su personalidad propia. Y todo ello sin caer en el tedio ni en los clichés de cada estilo.

AlienNation comienza mostrándose como un acercamiento al hip-hop en la instrumentación, con un riff muy potente. Pero termina volviendo al pop para firmar una canción llena de matices, momentos más oscuros y otros llenos de luz. One of the ones muestra su lado más gamberro y vuelve al garage-rock con voces distorsionadas y potencia, que veremos en más canciones como Black Hole o Lazy Boy. All Wordz are made up tiene un ritmo pegadizo que hace que pueda sonar en cada radio. Y además se atreve con unas voces aniñadas que, junto con el auto-tune que tanto le gusta al artista estadounidense, crea unos sonidos únicos. Una buena canción, que no es de las más destacadas del álbum pero le da solidez al mismo.

The Voidz tienen dos caras. Una más amable y cercana al pop, la electrónica más agradable y otra garage y lo-fi.

Think before you drink es un corte acústico que comienza solo con guitarra acústica y la voz de Julian Casablancas. Con un regusto lo-fi es una de las rarezas del disco y que reafirma lo dicho anteriormente. Es un grupo polivalente y que se maneja bien en todos los terrenos, desde baladas acústicas a electrónica. Wink tiene un toque más ingenuo, más jovial. Un pop agradable que suena más ligero que el resto del disco, que en ocasiones agobia con su horror vacui sonoro.

My friend the walls es más oscura, manteniendo su clásico sentido del humor y combinándolo con una instrumentación misteriosa con voces fantasmagóricas. De camino al estribillo va haciéndose más clara y ganando potencia, para terminar con un solo de guitarra muy acertado. Una vez más un buen tema. Pink Ocean es un medio tiempo nos recuerda a grupos como Metronomy o bien a Unknown Mortal Orchestra. Con mucho peso de un bajo que sigue la melodía de la voz, hace una canción intimista deliciosa desde el primer segundo. Una de las mejores del disco sin duda. Black Hole es potente, descarnada y frenética. Directa al grano y con un sonido casi punk deja claro que el Julian Casablancas más macarra no es cosa del pasado. The Voidz tienen dos caras. Una más amable y cercana al pop, la electrónica más agradable y otra garage y lo-fi. Esperamos que no tengan que elegir porque nos encantan ambas facetas y las combina a la perfección.

Lazy Boy suena muy a The Strokes con esas baterías y aunque no es de las más destacadas del disco deja momentos muy interesantes. We’re where we were transita por los mismos caminos, más potencia y distorsión, la versión más alocada de la banda.  Y la guinda final es Pointlessness. Una maravilla que comienza íntima, relajada y con el Julian Casablancas más trascendental. Va creciendo paulatinamente y tiene un final apoteósico para cerrar un disco lleno de buenas canciones.

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