La vanguardia llama a la vanguardia como la sangre llama a la sangre. Eso es una evidencia latente en bandas como Empire of the Sun, un par de excéntricos australianos capaces de dejarte con estúpido gesto deestupefacción tras escuchar y reescuchar su último LP. Llegaba yo a este álbum con ganas de reencontrarme con esos hippies electrónicos capaces de desquiciar a cualquiera menos a mí y a cuatro perturbados más con su anterior Walking on a dream. Estos tipos parecían llamados a crear la nueva revolución psicodélica, partiendo de la estética folkie, desaliñada y post apocalíptica de los sesenta y los setenta, sus temáticas y una electrónica vanguardista. Pero nada más lejos de la realidad, sus cuatro años de distanciamiento entre ellos han hecho mella y se han convertido en un proyecto secundario del endiosado Luke Steele y de Nick Littlemore. Sus gélidas relaciones se plasman en la carátula.
Dentro nos encontramos con lo inesperado. Si te digo que vamos a hablar de un disco veraniego probablemente cierres la pestaña para ponerte a otra cosa. Normal, no hay tiempo que perder en tiempos como los que corren. Pero si además te digo que se trata de un disco veraniego de dance seguramente me localices para darme muerte por venderte tal cosa. Soy consciente de ello, pero si escuchaste su primer disco sabes que nada en la música de Empire of the Sun es previsible.
Es cierto, es un disco veraniego, pensado para momentos de playa, piscina o para afortunados con descapotable. Pero no es menos cierto que a esa diversión desenfrenada se suma una sofisticación sin estridencias y una producción elegante por encima de la media. Cierto también que su género es el dance, tan estigmatizado por gentuza como Wally López o David Guetta –éste último remezcla el Alive de este álbum–. Aunque no es ese dance facilón que tanta repulsión nos genera sino más bien una mezcla coherente y con chispas de synthpop, house y rock electrónico.
La intro del disco nos pone en antecedentes de lo que nos vamos a encontrar. Menos estridencia y más madurez estilística. Comienza la función con los dos singles del álbum hasta la fecha. DNA es una pieza de pop electrónico puro y duro. Incesantes fuegos de artificio electrónicos con la presencia hegemónica de elegantes sintetizadores. Refinado, sí, aunque sin locura ni decadencia. Alive fue la carta de presentación de este trabajo. Evoca un dance happy más profundo y trabajado de lo habitual. A pesar de recordar en cierta medida a su primer disco, la canción supone encerrar un ruiseñor en una jaula con barrotes de oro. El animalillo querrá volar a sus anchas. He de reconocer que se trata probablemente del mejor tema dance del año, aunque eso no sé si compensa al lector. Alive es una muestra de positivismo musical de calidad.
Continuamos con Concert Pitch, que prosigue la senda de sus antecesoras mediante dance sin estridencias y con elegancia. Sus teclados resultan pegadizos y demanda más escuchas aunque sigue dejando en evidencia que la banda abandona su pretensión de convertirse en gurús electrónicos para fusionar en las pistas calidad y diversión. Ice on the dune da nombre al disco a través de un sonido talentoso, una producción impecable aunque una excesiva futilidad. Fiel reflejo del LP al que da nombre, apuesta por un extraño sonido lo-fi dance muy pegadizo. No sacar del envoltorio más allá del 31 de agosto.
Por su parte, Awakening es la perla oculta de Ice on the dune. Sus sucios sintetizadores ofrecen el halo de oscuridad necesario a un disco tan brillante. Su oscuridad ofrece un guiño a los ochenta más efectistas y refinados. Toda una declaración de intenciones para cualquier fiestero antes de amanecer. Ya puestos a hacer dance, que se fabrique dance para chulos de putas al alba y su elegancia decadente.
I’ll be around y Old flavours muestran un dance clásico aunque de sonido más rebuscado. Cuenta con melodías diferentes aunque conocidas, edulcoradas pero eficientes, lentas pero rítmicas. La única pega es la linealidad existente en los temas y prácticamente en todo el disco. Es evidente que se trata de algo meditado profundamente para que resulte un todo armónico, aunque se echa de menos algo de caos y distorsión. Celebrate eleva la estridencia media del álbum y regresan los susurros de Steele. No nos cansamos de repetir la palabra elegancia.
La sofisticación se hace latente en el mimo con el que se cuidan los mal llamados subidones. Sin duda, se trata de algo que suena bien y que puede ambientar cualquier rincón del mundo. Cada vez estoy más convencido que lo que escucho no es dance, es brujería. Me suena demasiado bien como para aceptarlo y con mis remordimientos me dejo ir mediante la percusión excéntrica amputada por los sintetizadores de Surround Sound, el toque new wave de Disarm y la balada electrónica llamada Keep a watch.
Es probable que presente la dimisión tras esta crónica. Pero mi alegato final espero que exculpe mis penas. Reconozco mis pretensiones de encumbrar a dos tipos a los que tenía como unos gurús de la rareza, de la electrónica más diferenciada. Sin embargo, esta pretensión se fue al traste cuando me topé con tal elogio al dance. Tras vencer mis prejuicios iniciales, me di cuenta que en ocasiones la belleza asoma en lugares insospechados. Y es cierto, nadie puede dudar del talento y el encanto de una producción como ésta, en la que se ha visto una evolución y una apuesta más que decidida por la sofisticación y el refinamiento de una materia prima de por sí exquisita. Diversión de la mano de la buena música. ¿Me exculpa esto de caer presa del nuevo dance de vanguardia de Empire of the Sun?
Puntuación Crazyminds: 7/10




