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Diario de gira II: Cuchillo en Lleida y Huesca

LLEIDA y HUESCA.
Lleida, Teatre Municipal de l’Escorxador.
Después de Madrid, Toledo y Valencia, descansamos una semana antes de volver a la carretera; próxima parada Lleida. Es nuestra primera vez allí, así que arrancamos sin saber muy bien qué nos vamos a encontrar. Nos comentan que es una ciudad difícil, sobre todo para bandas como nosotros que transitan caminos abruptos e incómodos.
Arrancamos con algo de retraso, líos con la empresa de alquiler de coches que nos prometen una Berlingo hecha a medida para nosotros y nos entregan un mini bus después de tantear varios modelos de coches que parecían furgonetas. En fin. Viaje tranquilo, como casi siempre. Llegamos sin muchos problemas a la sala. Montamos y probamos con agilidad y dejamos todo preparado. La sala es una especie de teatro – club de Jazz – Galería de arte muy acogedora a pesar de su tamaño. Como la entrada anticipada no es para tirar cohetes decidimos sentar a la gente. Mesas y sillas al más puro estilo “Jazz Entre Amigos”. Le da más cercanía y calidez al concierto y a nosotros nos favorece este formato que nos permite improvisar y coquetear con el Free Jazz y la experimentación sin que el público pierda detalle.
En busca de la cena. Una pareja nos indica muy amablemente dónde se come bien y barato. Allá vamos. Barato si, bien…volvemos a la sala. Efectivamente, poca gente. Tocamos, hacemos un bis y terminamos. Muy buenas sensaciones. Vendemos bastantes vinilos teniendo en cuenta la poca asistencia, lo cual es un buen síntoma. A los pocos que se han acercado les ha gustado lo suficiente como para llevarse a casa el disco y rememorar el directo al que acaban de asistir. Nos quedamos en el Teatro bebiendo vino y charlando con la gente del público. Es de esos conciertos que se agradece que no estén llenos. Tienes la oportunidad de hablar con la gente sin que parezca forzado y perezoso. Dejamos las cosas dentro y nos vamos al Hotel, recogemos mañana por la mañana. Pero antes un buen desayuno, de rigor. Como estamos frescos charlamos un buen rato. Volvemos a la sala dando un paseo por el centro de la ciudad, que se ve animada a pesar del frío. Al llegar a la sala nuestro hombre nos espera, así que recogemos en un pim pam y a la carretera.
Huesca, El 21.
Seguimos sembrando. Otra ciudad nueva para nosotros: Huesca. El trayecto desde Lleida nunca lo hemos hecho, así que el paisaje es totalmente nuevo para nosotros, lo cual se agradece. Tenemos Ipod y iPhone pero no el cable para el aux de la radio. Por casualidad damos con M80 y flipamos con los temones que pinchan. Queen, Genesis, Paul Simon, Cat Stevens, Supertramp y muchas bandas de una sola canción como Black Betty de Ram Jam. Nos entretenemos hablando de cómo se producía la música en los 80, de cómo se estructuraban las canciones, eran ecuaciones perfectas, matemática pura. La época de la sofisticación, pedante por momentos pero altamente estimulante. Disfrutamos.
Después de dar un par de vueltas por Huesca llegamos hasta el hotel. Frío, mucho frío. Gente, poca gente. Una excepción, aterrizamos en la ciudad con unas cuantas horas de antelación así que bajamos a buscar un bar. Comemos y subimos al hotel, botella de vino incluida. Nos acostamos un rato, Henrik y yo (Daniel) en una habitación e Israel en otra. Haciendo zapping nos encontramos con un programa de americanos Red-Necks haciendo americanadas absurdas, basura televisiva altamente adictiva. Perfecta para dormir un rato.
Vamos a por el mini-bus y bajamos las cosas a la sala: El 21. Nos han hablado muy bien del sitio, pequeño con un escenario diminuto, pero por el cual ha pasado y pasa todo Dios. Nos acogen muy bien. Todo en su sitio. Yo tengo un amigo en Huesca con el que coincidí en mi etapa universitaria. Hace de anfitrión. Después de la prueba nos llevan a cenar. Durante la cena charlamos con el dueño de El 21 sobre una premisa universal de la música: si haces las cosas bien, el resultado es casi siempre bueno. Y así es. El local le va muy bien porque se esmera con la programación, trata bien al músico y se adapta a la crisis con precios asequibles. Justamente lo contrario que en Barcelona, pensamos. Hubo una época en la que sí, pensamos.
Antes de volver a la sala, Gintonic time y un par de vinos. Ready to go. Llegamos a la sala y sorpresa, buena entrada. La gente se amontona en la parte de adelante, al lado del escenario. El concierto se anima por momentos. Hacemos el mismo repertorio que en Lleida pero sin colgarnos tanto, la sala pide un poco más de dinamismo. Entre el público, una chica que dice tener unas bodegas de vino nos invita a ir. Bueno, acaba invitando a todo el mundo, la cosa se viene arriba. Terminamos y nos piden bises. Volvemos y los hacemos. Huesca mola. Después del bolo, tiempo para vender discos, charlar y recoger, todo por ese orden. Dejamos las cosas dentro de la furgo y en la calle, según nos cuentan, no hay peligro.
Nuestro infiltrado en Huesca nos habla de un reducto de la noche oscense en el que se juntan artistas y rockeros de todas las épocas y en el que se puede fumar. No nos lo pensamos ni un segundo y arrancamos. Hace frío de montaña. Llegamos al antro y enseguida entramos en calor, se nota cuando hay buen rollo en los sitios, el calor humano se despliega por el bar como los espectros en Cazafantasmas por la ciudad. Es verdad, la gente fuma. No se hable más, pedimos algo de beber y fumamos. Al rato se acerca un señor de unos 50 y largos, alto, ajado, que dice haber sido novio de Janis Joplin. Por un momento pienso que puede ser verdad y me quedo con la duda. Había mucha vida allí dentro. Mucha gente nos mira sabiendo que somos nuevos y hacen gestos de aprobación como quién dice “¿Te gusta, eh?”. Pues sí, nos gusta. Vinilos de Miles Davis, hitazos de los 70, Blues, Rock and Roll, la mejor forma de acabar la noche y la gira.
El hotel nos espera y la mañana oscense también. Tiempo para estirar las piernas. Desayunamos en una terraza con el sol de la mañana calentándonos la cara. Con la calma. Recogemos la furgo y carretera. M80 otra vez y otra vez a hablar de lo mismo: mira donde está la voz, la caja está arriba, en primer plano, y los sintes… siempre música, nunca termina.