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Vetusta Morla, reválida en el Palacio de los Deportes de Madrid

Llenar el Palacio de los Deportes siempre es una gran reválida para cualquier grupo, y más si es español. Aún recuerdo el último concierto que vi allí y en el que ni siquiera se había habilitado al completo su aforo. Cubriendo las gradas con grandes lonas, dejando solo entradas de pista, y era nada más y nada menos que Morrisey. Y también es cierto que sí llenan este recinto (y otros similares en otras ciudades), grupos o solistas del lado más comercial de la industria.

Pero vamos a lo que importa. El grandísimo éxito del grupo madrileño es una gran noticia para todos los veíamos un cierto estancamiento del indie en el lado más mediático y capaz de llegar a un público numeroso. Los Planetas, Lori Meyers, Deluxe (en su momento) o Love of Lesbian (por citar algunos de los grandes) quizás se quedan un poco cortos para los grandes espacios. Puede que el fenómeno sea más parecido a lo que consiguieron en algún momento Los Piratas o Fangoria.

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Leyendo opiniones en redes sociales o hablando con compañeros, destacan el gran concierto al que asistimos el sábado y sólo tengo que decir, que no más que todos los anteriores a los que he ido, y no son pocos desde su explosión en 2008.

La intensidad, la complicidad con el público, el buen hacer de todos en el escenario, son marca de la casa. Y una cosa muy de agradecer también es la forma de jugar con sus propias composiciones, cambiando arreglos y sorprendiendo a los que esperan copias de lo registrado en los discos o en conciertos anteriores.

Y el caso es que esos apuntes que se atisban en directo pueden dejar ver por dónde irán los tiros en el futuro. Algunas veces se escuchan pequeños toques electrónicos y otras más guitarreros. Habrá qué ver si el gran poder de convocatoria que han conseguido les deja cambiar, o ellos mismos quieren hacerlo y hasta qué punto.

Casi dos horas de concierto con un repaso a todo su repertorio, mezclando canciones de sus tres discos, Un día en el mundo (2008), Mapas (2011) y La Deriva (2014) ante un público bastante más heterogéneo de lo que los prejuicios de los indies más talibanes hacían presagiar.

Empezaron con La Deriva y cayeron Golpe maestro, Rey Sol, Copenhague y todos con la misma pasión correspondida.

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No son pocos los logros de los de Tres Cantos. Uno bastante elogiable es la facilidad con la que han asumido el rapidísimo renombre conseguido desde Un día en el mundo. Algo que supongo no es nada fácil y a lo que les habrá ayudado el trabajo de fondo que llevaban en la sombra. Han ganado también en soltura en el escenario, y como muestra más visible, su cantante Pucho está mucho menos encorsetado bailando y libre en sus parlamentos entre canciones.

Han superado también cierto agotamiento que se intuyó, propio de la velocidad con la que sumaban efectivos a su legión de fans, y que incluso parecía afectar a su repertorio. Canciones muy queridas por parte del público más fugaz y que el grupo parece cansarse de tocar, o al menos de que pudieran eclipsar el resto de su trabajo, empiezan a no ser un problema. El repertorio es extenso y no les tiembla la mano a la hora de deshacerse de una vaca sagrada.

La cuidada imagen en proyecciones e iluminación acompañaba los temas, al mismo tiempo que complementaba una sencillez natural en el grupo.

Terminaron con Los días raros, dejando al público con ganas de más. Cuáles son los siguientes pasos qué darán, solo lo saben ellos. De momento, un próximo concierto en el FIB liderando las letras grandes de un cartel, muchas veces reacio a lo que no fuera directamente británico, puede ser un bonito caballo de Troya para dar un paso más.