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The Excitements: el poder irresistible del soul

13 de noviembre de 2013.
Sala Siroco (Madrid), dentro del circuito de la iniciativa Girando Por Salas.

Los tempraneros siempre tienen premio. A las 11 de la noche, la hora en la que debía arrancar el concierto, aún estaba en marcha la sesión anterior: una banda de metal de la que ni siquiera pude conocer el nombre. Era un grupo de chavales, con una veintena de amigos como público, que no sonaba nada mal. Lo curioso, no obstante, llegó con la despedida. Tras varios pogos, gritos al aire y algo de ruido final, dejaron sus instrumentos y el DJ de la Sala Siroco deslizó sin avisar “In the midnight hour” deWilson Pickett.  Todos los metaleros, sin excepción, se lanzaron a bailar en una demostración práctica del poder irresistible del soul.

Ya en faena, Imperial Surfers se encargaron de abrir la velada con su mezcla de twist y rock and roll. Era una noche para elegantes y el grupo madrileño puso de su parte con sus chaquetas azules rematadas de blanco y rojo. Tenían poco más de media hora y no la desperdiciaron. A la primera canción, el guitarrista ya había saltado al público; luego vendrían los punteos de rodillas y los solos de saxo. Con un envidiable buen rollo para ser un miércoles, Ios Imperial Surfers calentaron el ambiente para lo que vendría después con estupendas canciones como “All I Wanna Do is Love”.

El primer acierto de The Excitements es el nombre. Lo primero que sugiere el grupo barcelonés es precisamente eso: excitación y fiesta puramente soul. Con dos discos y bastante recorrido en el extranjero (suelen girar por Europa con asiduidad),  The Excitements forma junto a The Pepper Pots y The Sweet Vandals, entre otros, un interesante retorno del soul a nuestra escena.

Que manejan perfectamente los códigos del género se vio desde el mismo principio de su actuación. Salen los músicos, saxofones incluidos, todos con su traje y comienzan una introducción instrumental. Al rato, uno de los guitarristas pregunta al público si “estamos preparados”. La gente responde que sí y entonces aparece ella, Koko Jean Davis, dispuesta a comerse el mundo desde la inicial y arrolladora “Take the bitter with the sweet”.

Se adivina una estrella tras la pequeña figura de la cantante y The Excitements hacen bien en fiarlo todo a su magnética presencia. Aparte de su tremenda voz, Koko no descansa ni un segundo: es un torbellino sobre el escenario. Encantadora en“Sometimes too much ain’t enough”, ni siquiera los problemas de sonido le quitaron la sonrisa de la cara y las ganas de bailar. La noche era suya.

Escuchando a The Excitements es fácil recordar a James Brown o Etta James, como en la trepidante “I do the jerk”. El público parecía encantado y los músicos enlazaban canciones sin respiro. De repente, Koko se disfrazó de aquella Aretha Franklin que pedía respeto y atacó “Ha, ha, ha” con mirada desafiante. Sus compañeros no se quedaron atrás, irreprochables y precisos en todo momento. Los bailes se sucedían con pocos pero preciosos momentos para el descanso. Ahí quedó como prueba la emocionante “I’ ve bet and I’ve lost again”, una balada al más puro estilo Otis Redding.

En los bises, la fiesta era tal que Koko ya pedía tequila para cuando acabara el concierto. “Wait a minute” fue uno de los últimos y brillantes cartuchos de una noche de puro soul: The Excitements sudaron y vencieron.

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Nota al pie: Últimamente escuchamos de músicos y promotores quejas respecto al IVA cultural y el poco apoyo de las instituciones para la música en directo. Poco que objetar al respecto, aunque antes de mirar al patio ajeno convendría limpiar el propio. Que un concierto entre semana acabe a la 1:40 de la mañana espanta al aficionado medio, a aquel que al día siguiente tiene que madrugar para ir al trabajo. En la recta final del concierto de The Excitements se pudo ver cómo mucha gente salía con prisas de la sala, probablemente para llegar al último metro. Algunos lo perdimos. La reivindicación de horarios razonables y cierta puntualidad resulta legítima ya que sin cuidar al público, aquel que debe llenar las salas, otro tipo de críticas están fuera de lugar. La música en directo es para la noche, no para la madrugada.

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