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The Appleseed Cast: emo

Moby Dick, Madrid

Llegué a la sala corriendo por los jardines del ‘parque’ – entre edificios – que pone el lugar en precedentes, hasta que vi a los señores de The Appleseed Cast caminar despacio hacia la puerta. Un poco por vergüenza, un poco por respeto, un poco porque no llegaba tarde, relajé mi paso antes de entrar a Moby Dick. Por cierto, siempre que hay un debate abierto sobre ‘cuál es la sala que mejor suena en Madrid’, precisamente Moby Dick suele hacer podio.

Los teloneros – June Miller – quienes giran con ellos esta vez, dejaron a la mayor parte del público bastante concentrada, y más nerviosa de lo que venía de cara.

TAC salen en formación, colocan sus instrumentos, el público se agita un poco mientras observa y voilà. El primer trabajo de los americanos nos hace volver sobre 1998, agosto de 1998. Ese verano yo cumplía ocho años. Es obvio que no crecí escuchando ese disco. Pero sí cayó en mis manos no demasiado tiempo después, por suerte. Para los que entendemos el post-rock como emo – eso que ya no se practica – las cosas funcionan de diferente manera.

No son tiempos fáciles y, a veces, colocarse delante de un escenario con cuatro tipos haciéndolo lo mejor y más fuerte que se puede, es una bendición. El sonido de The Appleseed Cast es realmente glorioso. No es, como dice un amigo, que nos emocionemos con cualquier cosa. Es que si alguien no se emociona con un directo como el del pasado jueves por la noche no tiene corazón. Y ya lo siento.

The Appleseed Cast en directo son el grupo idóneo para lograr que alguien que piensa que la música no vale un centavo recapacite y se sobreponga con una dosis extra de apreciación. Estuvieron envolventes, rudos, tercos, malencarados y contundentes. Finos, elegantes, relajados y sencillos. Adjetivos que no hicieron más que sumar atractivo sobre la genética de Kansas.

Entre las canciones mejor escogidas: TODAS. Espectaculares. On Reflection, Fishing the Sky,  Steps and Numbers. Todo. Incluso el bis fue de guinda. Después de pasar todos al backstage, Chris Crisci se lanzó sobre el escenario para cumplir con el último abrazo para el público, insistente. Así, guitarra y voz, Fight Song. Sublime.

Aprovechando, por favor, la pesadez de las personas que se enfadan cuando los grupos crecen en diferentes generaciones. Como si hubiesen firmado un contrato en propiedad. Deberíais sentiros orgullosos, aunque sólo sea por el legado. Por el respeto, y por los jóvenes que han cogido el relevo instrumental en la banda. Además de potencia dieron/dimos una lección de educación y buen gusto.

Gracias.

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