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Ruge Madrid, con McEnroe

Sábado, 9 de Mayo, un sol de justicia, son las 20 horas y en la calle aún no hay quién pueda estar. Cerveza fría, agua fría, gente fría que no se calla, duelen las piernas, la espera se hace eterna y desgraciadamente a los Autumn Commets se les oye mal. Joder, que ganas de que empiece McEnroe, además, en la sala tampoco es que se esté fresquito, después de 5 álbumes y 13 años por fin Ricardo y los suyos parece que reciben la atención merecida en la capital, lo que implica un público no sólo ansioso sino también muy numeroso, la Ochoymedio a rebosar de impaciencia y ganas, suda hasta por las paredes.
Sólo ellos podían calmar a la muchedumbre, así, aparecen discretamente, como han pasado los últimos años, sueltan algún tímido “hola” y toman las guitarras, para hacer sonar rápidamente La Palma, con una brillantez y una sobriedad pasmosas. La voz de Ricardo Lezón en directo no pierde un ápice de calidad, sigue ahorrándose vocales, provocando ese efecto melancólico, como si las palabras se marchasen antes de haber terminado siquiera, borradas por los bellísimos acordes (que son pocos pero elegidos a dedo) de las guitarras entre subidas y bajadas de intensidad, impredecibles a pesar de haber escuchado Las Orillas 100 veces. Como buenos profesionales que vienen a presentar un álbum, continúan con Cae la Noche y Coney Island, la primera también recordando a la propia portada de Rugen las Flores, que transmite toda esa calma, “cae la noche sobre mí, cae la noche sobre mí…” y ya, después de mostrar estas armas, con inteligencia, tocan la que al parecer es su canción más famosa (personalmente no creo que una merezca más atención que todas las demás), Los Valientes (primera de su álbum Tu nunca Morirás), y un furor se desata entre los asistentes, grititos y palmas, vítores, energía, es una de sus canciones más entregadas y rítmica, con la que la conexión está completada. Bravo, bravo, la gente sonríe, se miran, los desconocidos charlan, comparten opiniones, ellos nos hablan, nos agradecen una y otra vez nuestra presencia, nosotros la suya, Caballos y Palmeras, De Madrugada y La Cara Noroeste, La Cara Noroeste, que pena no poder darle al Repeat, “extraña forma de vivir, estar pensando siempre en ti, extraña forma de morir, vivir pensando en ti”, al final de igual lo coincidentes que sean las experiencias de uno con las letras de McEnroe, que las siente como suyas, desgarradas y hermosas se contagian de forma casi lógica.
Mientras nos siguen presentando canciones de Rugen las Flores tienen tiempo para querernos más, y para tocar Tormentas, y Mundaka, y la espectacular canción que da nombre a su disco, y para irse, y para volver al bis, y tocar ni más ni menos que un tema de 2003, llamando a golpes a la puerta de la melancolía y el sentimentalismo, con esa despedida triunfal y triste por igual, Vendaval, con un clímax tan intenso…. y esa rotura tan de McEnroe, esa letra otra vez, ese amor a toda costa, ese dolor a raudales, ese sentimiento, y por si acaso se van, y vuelven, a otro bis más, con el público ovacionándoles, porque su actuación de ayer fue enorme. Fue de uno de los grandes grupos del panorama nacional, tuvo todo lo que tenía que tener, que era a McEnroe encima de un escenario y a un público que para sorpresa de algunos se sabe las letras, y que era totalmente proclive a dejarse embelesar por el rugir de las flores, pero la sorpresa es absurda si uno presencia un directo de estos tipos, que entrega y que merecimiento, con una sesnsibilidad casi inédita en nuestro país. Desde aquí les deseamos muchos años de fortuna a los vascos, y que vuelvan por Madrid, que ya han visto como se les recibe.
 

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