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Pony Bravo: Brit-Flamenco yonki

En alguna ocasión se han atrevido a decir que el indie-pop ha hecho mucho daño a la música española. Y quién sabe si tienen razón. Desde luego, lo suyo es otra cosa. Pony Bravo crea una burbuja única e indestructible en donde se sumerge una cautivada audiencia, a pesar de su hora de retraso en comparecer. Un lugar donde perturbar tu mente y obtener ideas de como destruir tu cuerpo.

En esa burbuja te sientes confortable, en un terreno que dominas. Sin juicios ni prejuicios. Desde el primer acorde viajas mentalmente a mejores tiempos, a un realismo mágico que realza lo más explosivo y bello de los ochenta, barnizado por una realidad paralela creada con mucha imaginación.

La Expo de Sevilla está por celebrarse, Joe Strummer es andaluz y los yonkis son felices. Esa simbiosis se produce desde el primer instante, como un flechazo directo a la memoria colectiva. Unas camisas del mejor repertorio hortera de aquellos lejanos años, mucha acidez en las letras y una música brit con profundas raíces punk y andalusíes.

Ese nuevo mundo es creado por Daniel Alonso, con su voz profunda y guasona, mientras dirige su Roland RS-5, gestionando un sonido peculiar y reconocible. Por su parte, Pablo Peña pone ese sello Clash que tanto les diferencia. Ligeros pogos provoca esa guitarra entre las primeras líneas de una Joy repleta de poppies que lo de los pogos les coge de refilón.

La sala se impacientó durante una hora, deseosa de su GMC Delorean musical. La espera merece siempre la pena cuando la recompensa es tan brillante. Viajamos hacia una Andalucía Punk con Niña de fuego y su percusión tan de la tierra. Alusiones a paraísos fiscales, a Cheeney, a Halle Berry o a Monsacro detienen el tiempo y nos recuerdan que los ricos y los poderosos siempre quieren más, al revés que esos aspirantes de modernos que nos agolpamos atónitos ante la maestría compositiva de los cuatro andaluces. El buen rollo y la conexión entre los de encima del escenario y los de la platea crece por momentos, mas los vítores no cesan cuando recuerdan que podemos descargar su discografía gratis desde su web. La apuesta por el Creative Commons nos demuestra que todavía hay gente que comprende que la música no son únicamente Royalties. Comparte tu arte y serás divino.

Noche de setas y La rave de Dios se insertan entre varios de sus nuevos temas, creando una verdadera homilía Pop en homenaje a Curro I. Una fugaz reminiscencia de nuestra devoción a noches desenfrenadas con mucho alcohol y drogas que dejan paso a temas más críticos con nuestra realidad. Lo cual se agradece inmensamente. Eurovegas y Político neoliberal desnudan a nuestros gobernantes mediante talento y humor. Una parodia de España con mucho estilo.

El viaje toca a su fin con El olivo, una canción fruto de mucho THC y de un sueño de Pablo Peña, que nos conecta de nuevo con el sur. Ibizza cierra el concierto previo a los odiosos bises, muy demandados por toda la discoteca. El tema sobre la isla feliz se convierte en una fiesta gracias a ese maravilloso sintetizador que satiriza el dance imperante con un dance-punk que irremediablemente te arranca una sonrisa de superioridad. El recorrido por los rincones más oscuros de nuestra mente termina con la surrealista Mangosta y esa acertadísima crítica al star-system musical español que es Camello yo.

En definitiva, una hora y media de infancia reconvertida en vicio acústico. Mil maneras de perderse en la vida a través de la sabiduría callejera de unos andaluces disfrazados de The Clash, de unos sátiros capaces de hacerte reflexionar mediante una sonrisa y un sonido peculiar, único. Una atmósfera muy personal fruto del buen gusto por el mejor Pop español, de los 80, el Punk primigenio o Andalucía. Sólo cabe esperar que la máquina del tiempo regrese pronto para  transportarnos a otro lugar musical más confortable que el que nos encontramos habitualmente.

Bienvenido al universo Pony Bravo.