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Noche de ruidos y estrellas – Promesas y realidades

Sobre el cartel podía parecer un concurso de nombres extravagantes: Disciplina Atlántico, Ornamento y Delito y Alborotador Gomasio. Casi nada. Pero sobre el escenario de la sala Siroco, la “Noche de ruido y estrellas” organizada por Limbo Starr dio para bastante en torno a tres bandas bastante dispares tanto en sonido y estilo como por el punto en el que se encuentran de sus respectivas trayectorias.

A Disciplina Atlántico, que le tocó dar el pistoletazo de salida ya con una buena afluencia de público, hay que encuadrarlos de momento en la categoría de promesas. Formados en Madrid en 2013, han grabado con Limbo Starr un sencillo y parece que este año aspiran a pasar de nuevo por el estudio. Basculando entre el pop, el indie-rock y el post-punk (a ratos sus guitarras recordaron a The Chameleons), ofrecieron media hora escasa de concierto que fue de menos a más: dubitativos al principio, más atinados hacia el final. La energía y fiereza de Parquesol, que sonó cercana a Triángulo de Amor Bizarro, puede ser la guía de su camino. Les falta rodaje, pero conviene no perderles la pista.

Quienes tienen poco que demostrar a estas alturas son Ornamento y Delito, ya una referencia del panorama nacional. Ásperos, afilados y peligrosos, el rock de Ornamento y Delito en directo es sólido y contundente como un bloque de hormigón armado. Comenzaron con El Madrid de los Austrias, pero fue su excelente trabajo del año pasado, El espíritu objetivo, el protagonista del setlist. “Todo podrido, todo en venta, todo lo que tocas, todo lo vuelves mierda”, gritaron desafiantes en la densa Laissez Faire que con la bacanal política de Carnaval armado formó una dupla imparable.

Uno no puede dejar de preguntarse por qué León Benavente tiene tanto éxito y a Ornamento y Delito hay que reivindicarlos constantemente. Seguramente conciertos como el del sábado servirán para convencer a más de uno y gran parte de la culpa la tiene G.G. Quintanilla, un cantante singular en la escena alternativa española, un letrista incisivo y provocador, inteligente como pocos y cuya actitud y voz grave, la de un Nacho Vegas pasado por el filtro de los años 80 y el post-punk más oscuro, lleva las riendas de la banda sobre el escenario. En el tramo final, recordaron su debut de 2010 con La policía y las turbulencias sonoras de Madrid confirmaron que iban a ser los grandes triunfadores de la noche.

Fue curioso ver cómo al terminar Ornamento y Delito el público más joven de la sala se acercó hacia las primeras fila. Ese detalle puede ser significativo de que Alborotador Gomasio afronta tal vez en 2015 el que podría ser su año de confirmación, tras la publicación de su esperanzador disco Los excesos de los niños. Las expectativas son altas para un grupo de power-pop que tan pronto reivindica a Dinosaur Jr. como a Los Secretos (muy evidente, por ejemplo, en la melódica y estupenda Espíritus helados).

Atrevidos, con descaro e impulsados por dos vocalistas con gancho, es difícil no rendirse a canciones redondas como Contra el suelo, que seguro firmarían encantados otros compañeros de sello como Tachenko. Tal vez en el disco está más disimulado, pero en directo tienen tendencia al ruido y el descontrol punk, que en ocasiones lastró algunos de los temas (fue una pena que Los excesos de los niños quedara tan deslucida) pero que en Los residuos de la sociedad sí dio muy buenos resultados. Una actuación enérgica, consistente y convincente, con pogo final incluido, para un grupo que con noches así debería hincharse a dar conciertos este año.

 

 

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