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Jolie Holland en la intimidad dentro del Guitar BCN

Fotografía: Jordi Teixidó

Lugar: Sala Barts Club, Barcelona

Fecha: 24 de febrero del 2015

 

“Torturad la música, así le podemos extraer todos sus secretos”. Esa parece la consigna que Jolie Holland le dio a sus músicos en el estudio de grabación durante Wine Dark Sea (Anti, 2014), y con los que arenga a su banda antes de subir al (mínimo) escenario (de la sala pequeña del Barts, con una asistencia que apenas rebasaba el centenar de personas). Heterodoxia debe de ser la palabra más utilizada por los críticos para definir el camino emprendido por la cantautora texana, y a fe que a Holland no le cuesta romper esquemas (líricos, melódicos, armónicos) cada vez que se sube a un escenario.

Sin embargo, la magia es otro concepto esquivo e indomable. A pesar de poner todo el empeño en desbrozar, deformar y moldear de nuevo el sonido, a pesar de usar el talento y la experiencia, la travesura de un duendecillo puede malograr el hechizo. El martes se encarnó no sólo en forma de enfermedad, del cual nos enteramos cuando se disculpó por no poder extenderse más allá del setlist, sino también en un público en extremo cortés y reverente (eufemismo de cortado) entre el que no podía faltar la típica minoría charlatana y desconsiderada, aquellos hijos de Hodor que incapaces de deducir que si los smartphones ya resultan molestos en locales tipo Apolo, en un club como la sala pequeña del Barts despistan e irritan al artista. Y así se lo hizo saber Holland antes de arrancarse con la versión de Who Are You This Time? de Tom Waits.

Aunque el báculo-guitarra de Holland no fulminase completamente a esos duendecillos, sí que enseñó el camino de paisajes agrestes y de solemnidad intachable poco transitados, acostumbrados como estamos a la banalidad filoelectrónica y festivalera o al recogimiento intimista ultraortodoxo. Holland demuestra que la intimidad no está reñida ni con la experimentación, sin que eso signifique romper con los clásicos sino al contrario, pues, al fin y al cabo, son los primeros exploradores de estas fértiles tierras musicales. Abrió el concierto con una tensa versión del Joshua Gone Barbados de Eric Schmidt, recuperado del The Basement Tapes de Bob Dylan, para extender el tono solemne en la primera zambullida al Wine Dark Sea, la majestuosa On and On.

The Love You Save de Joe Tex conjugo la tortuosidad de la electricidad con la del alma torturada del soul. Holland expresó su respeto y admiración, tal como indicaba más arriba, de la mejor forma posible: haciendo suya la canción, sometiéndola a la tortuosidad de la voz rasgada y la tortura eléctrica, y alejándola del sonido clásico como mejor forma de homenaje.

Mexico City fue la única concesión a su obra anterior, en este caso a The Living and the Dead (Anti, 2008), y al sonido más americana del setlist. First Sign of Spring reanudó el concierto apelando a la intimidad del soul de club, que apela a una complicidad que el público le escatimó. I Thought It Was the Moon se basta por sí misma para exigirla, cruda, descarnada, rabiosa, mirando por el retrovisor el slowcore de Low. De la solemnidad pasó al requiebro fiero de Dark Days. ¿Who Are You This Time, Tom o Jolie? Tanto monta, monta tanto, aunque nadie echó de menos al de Pomona, Holland se bastó y se sobró para lucir tan recia y cazallosa como el autor de la canción.

Saint Dymphna cerró, a pesar de (casi) todos nosotros, a un concierto que supo a poco, por extensión, por ambiente y por la promesa de una tierra prometida que vislumbramos y que podría haber lucido mejor con algo más de calor.