Empezamos la noche con mal pie, llegando tarde y con un portero que desconocía la lista de acreditaciones, lo que costó que nos perdiéramos las dos primeras canciones y parte de la tercera. Una vez dentro de la sala del auditorio Victor Villegas, nos encontramos a The New Raemon tocando la clásica de Nueva Vulcano Te debo un baile. Una lástima que no pudiesemos disfrutarla al completo. A pesar de sentarnos en la última fila teníamos a Ramón a escasos metros, lo que hizo que el concierto fuese de lo más íntimo y cercano. El siguiente tema fue Sucedáneos, el cual finalizó con una pequeña y divertida imitación de la versión que hace Miguel Ángel Blanca, cantante de Manos de Topo. Además también de un fragmento de la versión de Pollo frito con su correspondiente imitación de voz.
Entre canción y canción, el cantautor nos contó muchas de sus curiosas anécdotas que hacían que más que parecer un concierto pareciese un rato de cañas con un colega más. Tal vez fuese para contrarrestar ese toque melancólico tan característico del protagonista de la noche o simplemente fuese el carisma natural de Ramón, pero el caso es que nos hizo echarnos unas risas a todos los asistentes, creando un ambiente ameno y cercano.
Por suerte para unos y por desgracia para otros, Tinieblas por fin, último disco del catalán, tuvo una escasa presencia en la noche del sábado. Sonaron famosos temas como La cafetera, Elena-na y Lo bello y lo bestia.
Saliéndose un poco de su repertorio habitual, Ramón tocó una muy bien lograda versión de Virginia de David Bazán, con la que consiguió enternecernos a todo el público.
Para animarnos un poco siguió con Tú, Garfunkel, en la que pidió a los espectadores ayuda en los coros y con la que consiguió levantar el ánimo. La dimensión desconocida y Elena-na fueron las siguientes elegidas. En esta última nos explicó que es más alegre porque la compuso tras estar con una chica.
Por último haciendo muestra de la constante atención que mostró al público, tocó M’agradería ser un lemur, a petición de uno de los espectadores.
En general fue un concierto acústico muy ameno que a muchos de nosotros se nos hizo corto, ya que nos encanta oír no sólo cantar, si no también hablar, a Ramón Rodríguez.




