Fecha: 10 de diciembre del 2013
Lugar: La [2] (Barcelona)
Promotora: Houston Party
Escribo estas líneas para recomendar a los amigos madrileños que mañana (ya hoy), antes de entrar en el Teatro Lara, hablen todo lo que tengan que hablar, beban todo lo que tengan que beber, y pongan sus seis sentidos en, primero, el pop frágil de Patrick O’Laoghaire, a.k.a. I Have a Tribe y, sobre todo, no se pierdan detalle del concierto de Anna Calvi. Los que hayáis conseguido entrada en este sold out sois unos privilegiados, así que no lo malogréis en chácharas intrascendentes, porque nada de lo que vayáis a decir será más importante de lo que os vais a perder. Valladolid, Donostia y Vigo, id tomando nota, que aún quedan entradas.
Ojalá existiese el disco que fuese capaz de plasmar esos momentos únicos, pues donde la italobritánica se engrandece y demuestra su inconmensurable talento es sobre el escenario. Pero tanto da que atesoréis un vinilo de 300 gramos como que seáis usuarios de servicios de streaming de baja calidad: cuales sombras en la caverna platónica, no dejan de ser pálidos reflejos del objeto ideal, la canción que surge de las entrañas. Y ese, ese, no os lo debéis de perder, ni ocultar ni silenciar ni hacer nada que no sea beberlo por los oídos. La clave, la esencia descansa en la línea por la que transita la lírica: el contradictorio mundo del deseo, donde rige el ardor que ansía el otro pero que, aun así, no permite resquebrajar la máscara autoimpuesta. Canciones que son lamentos pero también deseo, amor verdadero y lascivia jubilosa, dolor y esperanza, cerebral y visceral; todo tamizado una voz versátil, de contralto que sabe sacar partido de su registro y es capaz de imprimir una potencia poco habitual a estribillos redondos como Suzanne and I o Desire, por mencionar sólo un par.
Sin embargo, tanto o más que la música, cabe estar muy atentos a los silencios: el contrapunto donde Anna Calvi deposita el alma soul (valga la redundancia) de sus canciones. Dos años tras la gira de su álbum de debut han servido para trocar la urgencia de aquellas interpretaciones por la sutileza, en la que los silencios expanden el espacio por el que la voz y los instrumentos, amalgamados gracias al sonido orgánico del armonio y a una calidez jazzística, definen los contornos de las canciones. Diríase que Calvi ha aprendido a saborearlas y a dotarlas de una serie de matices muy completa.
La Anna Calvi de hoy muestra una vertiente sensual en la que es difícil no caer rendido: cautiva tanto su pasión como su comunicación no verbal con el público (en cuanto a la verbal, sigue mostrándose tan tímida y parca en palabras como hace dos años). Voz, cuerpo y guitarra fundidos en un ente orgánico que combina los elementos del guión (el repertorio, la intensidad, el fraseo) en una narrativa de alto voltaje.
Aunque si se me pidiese que destaque sólo un aspecto del concierto, ese sería sin lugar a dudas la maestría de Calvi con la guitarra. Pocas veces se puede disfrutar de un artista tan exquisito que no rompa el hechizo de la canción en una demostración ególatra de su talento a las seis cuerdas. Áspera y metálica en los momentos de arrebato, prístina en los más delicados, es la fragua del cimiento sobre la que una apuesta tan dispar —la melancolía de Edith Piaf, la contundencia del rock de los setentas y los ochentas (ahí queda la versión del Boss de Fire, en solitario, más mojaropainterior que se haya cantado nunca), el alma soul y las inquietudes del art rock— dé como resultado una de las apuestas más inconfundibles del panorama actual.
Aun así, en ocasiones el público parecía tan tímido o más que la británica, quizá demasiado cauto, aunque celebró por igual las viejas cancioens y las nuevas. Tras abrir con Suzanne and I, la majestuosa Eliza y la embriagadora Suddenly, Calvi ha seguido desgranando esas piezas más versátiles del One Breath (Domino, 2013) hasta las primeras sacudidas eléctricas con I’ll Be Your Man y la hipnótica Piece By Piece. Desire y Love Won’t Be Leaving cerraron la primera parte del concierto, para retomar los bises con Bleed Into Me y, como broche, una épica revisión del Jezebel, que nos dejó a todos cantando it was you, night and day, all the time, Jezebel, en el aire frío y húmedo de la ciudad, bajo las tímidas estrellas de una noche encapotada y cabezona. La noche y la ciudad pertenecen a Calvi y sus personajes al borde de la zozobra, una vez más. Celebrémoslo.





