InicioCine – Archivo'Los exiliados románticos' de Jonás Trueba

‘Los exiliados románticos’ de Jonás Trueba

Tres amigos inician un viaje en una vieja furgoneta, cuya elección no es casual, los años de matriculación te remiten a otra época, otro cine e incluso otra forma de relacionarse.

Van parando en las ciudades donde tienen una cuenta pendiente, con el amor en sus diferentes formas y profundidades. Es un fragmento de sus vidas, no tiene que haber un final al uso y de hecho no lo hay.

Hay una clara influencia, reconocida por Jonás, del cine francés y en concreto de Eric Rohmer (llegó a rodar sin saberlo en parte de las localizaciones que utilizó el autor de Pauline en la playa o los cuentos morales). Personajes que conversan mientras pasean o alrededor de una mesa ajenos a picos narrativos eran una especialidad del cineasta de la nouvelle vague. Pero también se observan ecos de un cine más contemporáneo por ejemplo del Jim Jarmusch de Los Límites del control en la forma de utilizar la música o de Wim Wenders.

La banda sonora corre a cargo de Miren Iza Tulsa (premio especial en Málaga) que tiene un papel muy importante en la película, tanto por cuándo aparece, por cómo lo hace, vertebrando en parte un relato que tiene en los encuentros con amores más o menos fugaces sus principales focos de atención.

Rodada en 12 días, con parte del equipo con el que ya contó en anteriores trabajos y con un presupuesto bajo, consigue una naturalidad y ligereza muy de agradecer, más si cabe si sigue utilizando citas literarias o filosóficas en boca de sus personajes. Alcanza un difícil equilibrio, entre un cine de autor (que en ocasiones puede pecar de excesiva formalidad y densidad) gracias a no tomarse demasiado en serio y a un sentido del humor achacable a un reparto espontáneo.

Se respira encanto y cierta nostalgia durante los escasos 70 minutos que dura. La improvisación de los actores, las bromas privadas que se quedaron en el montaje final, junto la amistad de parte del equipo (previa o que se forjó durante el rodaje) han conseguido que el tantas veces visto en pantalla grande, paso a la madurez (en este caso casi podemos hablar de perpetua estupidez masculina), resulte simpático.

Su director va a utilizar un mecanismo de promoción parecido al de su anterior film (Los Ilusos, 2013). Una gira de presentación/cinefórum, donde se proyectará y habrá coloquio posterior (en algunos pases especiales incluso un concierto acústico de Tulsa para finalizar) entre los espectadores y el mismo. Hay que buscar nuevas formas de hacer llegar la cultura al público. El mercado está cambiando a grandes pasos y no todos se están adaptando.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 6,5/10

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