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Le decimos adiós a Christopher Lee, actor y caballero de nombre compuesto: Sir Drácula Saruman Dooku Quijote. Hasta siempre

Ha muerto Christopher Lee. No hay filtros ni palabras que puedan endulzar una noticia de este calibre y menos cuando se trata de una que encoge al mundo del cine y que acorta una era. Ésa que ya se recuerda con nostalgia. Ésa que a muchos causa risa y al mismo tiempo emoción. La del archiconocido Drácula de la Hammer (aun cuando él comenzó su andadura en esta productora encarnando a otro ‘monstruo’: Frankenstein), ésa que nos ha dejado las dichosas películas de serie B tan ridículas y rudimentarias como encantadoras.

Su vida se apagó el pasado domingo (la noticia no ha sido notificada hasta ahora por razones familiares) a los 93 años de edad en un hospital de su ciudad natal, Londres, debido a problemas respiratorios y cardíacos por los cuales había ingresado con anterioridad pero, lo más importante, se encendió  un 27 de mayo de 1922 para dejar un gran legado. De hecho, si lo ponemos en números, supone nada más y nada menos que alrededor de 250 producciones.

Comenzó su carrera en el cine en 1947 con La Extraña Cita de Terence Young pero la fama le llegó una década después. A finales de los años cincuenta Lee fichó por Hammer Productions para trabajar en el film La maldición de Frankestein y fue un año después cuando se enfundó los colmillos y la capa y con su altura de casi dos metros se metió por primera vez en la piel de Drácula a las órdenes de Terence Fisher en 1958, para después encarnarlo una veintena de veces más al lado de su compañero, Peter Cushing, con el que formó ese inolvidable tándem.

Aquí una de las escenas más recordadas.

A partir de entonces los trabajos de Lee se fueron sucediendo uno tras otro. Aun cuando no optaba a grandes presupuestos no paraba de hacer producciones. La momia, El perro de los Baskerville, Medusa, Rasputín: el monje loco o la saga de Fu Manchú fueron algunas de sus apariciones más memorables, entre ellas también sus trabajos en España con Jesús Franco, del que decía: “Tenía un talento increíble, pero nunca un presupuesto decente. Así que usaba constantemente el zoom para no enseñar mucho. Con más dinero hubiera llegado más lejos. Y cómo nos lo pasábamos. Un día rodando en el club de golf de La Manga, yo estaba cubierto completamente de sangre y heridas purulentas, y decidí entrar así al bar del club. Me apoyé en la barra y le solté al camarero: ‘El hoyo 18 es un hijo de puta (en español)’. Nos lo pasábamos muy bien”.

De esta época es el trabajo que Christopher siempre destacó de él mismo: The Wicker Man. Para poder trabajar en esta película Lee se bajó su propio sueldo, pues la producción no podía hacer frente a todos los gastos y él estaba tan entusiasmado con el guión que quiso que todo siguiese adelante, y así fue, pues, se puso a las órdenes de Robin Hardy y el resultado fue, como siempre ha dicho el propio Lee, su mejor trabajo en la gran pantalla.

 

No obstante su encasillamiento era evidente, y a pesar de haber hecho muchas producciones, incluso de estar a las órdenes de Spielberg en 1941, o de salir en Loca Academia de Policía o en la saga de los Gremmlins, no parecía lograr salir de su ‘casilla’. Hasta que una nueva era comenzó para él y lo hizo gracias a tres nombres: Tim Burton, Peter Jackson y George Lucas, por este orden.

El primero de los tres lo calificó como ‘el último de su especie’ y contó con él para Sleepy Hollow (1999), Charlie y la fábrica de Chocolate (2005) y La Novia Cadáver (2005).

 

El segundo y el tercero le otorgaron dos de esos papeles que pasarán a la posteridad. Christopher no sólo será conocido como Drácula, Drácula tendrá apellidos. Su nombre completo será Drácula Saruman Dooku.

Porque Jackson le otorgo el papel de mago malo en la saga de El Señor de los Anillos. 

https://www.youtube.com/watch?v=3g5gN0musGo

 

Y Lucas le dio la ocasión de interpretar al Conde Dooku y empuñar una espada de esa luminosas que a todo super-fan le encantaría empuñar y luchar con un par de famosos jedi.

 

Pero su talento no acaba ahí. La afición escondida, o no tanto, de Lee, era el Heavy Metal. Y no sólo escucharlo sino cantarlo. Aunque él más bien lo llamaba ‘metal sinfónico’. De hecho llegó a ganar el premio Spirit of Metal que Tony Iommi del grupo Black Sabbath le entregó en los Globos de Oro de 2010.

En 2010, Lee decidió lanzar su propio álbum, un disco conceptual titulado Charlemagne: By the Sword and the Cross en el que canta junto a otros intérpretes, y tres años después el día que cumplió 91 años el actor aprovechó para sacar nuevo disco producido Richie Faulkner, guitarrista de Judas PriestCharlemagne: The Omens of Death. ‘Algunos de los temas no tenían nada de música y eran sencillamente Christopher cantando sus melodías. Recuerdo que era suerralista estar sentado en mi sitio con Saruman gritando a través de los altavoces. No tengo ni idea de lo que pensarían los vecinos’, dijo el guitarrista en una ocasión a este respecto.

Jamás ganó un Óscar, fue Caballero del Imperio Británico, recibió un BAFTA honorífico, le otorgaron el premio al mejor villano por interpretación como el Conde Dooku en los MTV Movie Awards y fue galardonado en 1983 con el premio al mejor actor en el Festival de Sitges.

Se puede ser el mejor haciendo del más malo. Y se puede ser muy malo siendo tremendamente bueno. Y algo aún más difícil, se puede transmitir mucha maldad y que el público te admire por ello y a pesar de todo ver una inmensa bondad en ti porque, fuera de la cámara, Christopher Lee, era todo bondad y ternura.

En una entrevista al diario El País le preguntaron ‘¿Qué le queda por hacer?’, a lo que él respondió: ‘Don Quijote. ¿Podría el público español aceptarme en ese personaje?’. Por supuesto que sí.