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jOBS de Michael Joshua Stern

Existe un gran riesgo a la hora de encarar un biopic: que la fama del protagonista de la historia se crea suficiente como para no esforzarse en la película, confiando en que la gran masa de seguidores del ídolo en cuestión baste para rentabilizarla; un peligro más acuciante si el personaje forma parte de nuestra historia más reciente.

Ése el gran fallo de jOBS, retrato del cofundador de Apple, Steve Jobs, dirigida por Michael Joshua Stern. El realizador ha optado por un film competente, sin complicaciones para narrar desde los primeros años de la compañía hasta que Jobs se hace con la dirección de la empresa que creó.

A lo largo de dos horas de metraje, la trama transcurre entre planos un tanto pretenciosos y diálogos grandilocuentes donde los personajes no hablan entre sí, sino que se escupen sus ideales mientras se dividen entre apóstoles de Jobs y los mercaderes que tratan de expulsarle del templo en pro de los beneficios. Y es que a todo el film le rodea un ‘tufillo’ mesiánico en torno a la figura del personaje principal capaz de inspirar un fanatismo religioso en el diseño y la tecnología, gracias a la cual nuestro mundo no es un páramo gris esclavizado por los productos del calado de IBM o Microsoft sino con núcleos de resistencia donde la manzana mordida brilla con luz propia; dicho esto sin ánimo de menospreciar la contribución de Apple a nuestra tecnología.

La película incide demasiado en la importancia de esta labor innovadora y desprecia o deja tan solo entrever con lagunas la personalidad del protagonista, motor fundamental de un biopic donde los hechos externos de la historia son sobradamente conocidos por los seguidores (y para los que no los conozcan tampoco queda muy claro). Ni aquí ni allá, ni personal ni profesional, el producto final nos recuerda a un telefilme con aspiraciones que se soportaría mejor un domingo por la tarde si fuera llueve y la competencia no es muy fuerte en otros canales.

Pero no todo es malo en la villa de Steve Jobs, y el casting salva parte de un proyecto a la vez que hace preguntarnos cómo hubieran funcionado con una mejor historia. Al frente Ashton Kutcher que demuestra ser capaz de alejarse de los papeles que lo han hecho famoso y dar credibilidad a la representación del empresario e inventor estadounidense. Un plantel de secundarios le siguen y se echa de menos más protagonismo o profundidad para muchos de ellos. Nos quedamos con el envejecido Dermot Mulroney.

Muy alejada de La red social de Fincher y Sorkin, sólo nos queda decir: Tan sólo apta para Applemaniacos.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 5,5/10